El teatro municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz fue el escenario del último adiós a David Santalla, cuyos restos fueron velados sobre las tablas que lo vieron consagrarse como uno de los artistas más completos del país, antes de ser trasladados en una multitudinaria procesión que recorrió las principales calles de la sede de gobierno hasta la Catedral Metropolitana, donde se ofició una misa de cuerpo presente.
Sus hijos, Yúngaro y Claudia, junto a su viuda Sandra Saavedra, ofrecieron conmovedoras palabras que resaltaron el legado artístico del actor —quien dio vida a inolvidables personajes como Toribio, Salustiana, don Enredoncio y don Vito— y su profundo compromiso con la unidad de los bolivianos y la defensa de los más vulnerables, materializado en su lucha por un seguro médico para los artistas y en la decisión de que las cenizas de su perro Tico descansen junto a él.
Las autoridades municipales le otorgaron el título de hijo predilecto de La Paz y anunciaron la creación de un museo en su honor, mientras cientos de admiradores despidieron al maestro con pañuelos blancos, pétalos de flores y cánticos que recordaban las canciones emblemáticas de sus obras, en una jornada donde el dolor se mezcló con la gratitud por las décadas de alegría que regaló a generaciones enteras a través del teatro, el cine y la televisión.