Lunes 29 de Mayo 2017

En busca del corazón de Suleimán el Magnífico

un equipo de investigadores húngaros publicaro un informe sobre el paradero del corazón de uno de los sultanes más famosos de la Turquía otomana.

Pero, ¿por qué es un enigma histórico tan importante para resolver?

El estadista francés Armand-Jean du Plessis, más conocido como el cardenal Richelieu, describió el asedio del castillo húngaro Sziget hace 447 años como "la batalla que salvó a la civilización".
Los musulmanes turcos finalmente se tomaron la ciudad en septiembre de 1566, pero sufrieron tales pérdidas, incluida la muerte de su líder, el sultán Solimán o Suleimán el Magnífico, que no volvieron a amenazar Viena, capital del imperio Austro-Húngaro, por 120 años.
Ahora los investigadores están excavando la tierra -y los archivos- en busca del corazón del sultán.
"Cuando los húngaros caminan por los jardines del castillo en Szigetvar, se imaginan que están caminando por un castillo húngaro. Pero no es cierto", dice Norbert Pap, profesor de geografía en la Universidad de Pecs, mientras paseamos a lo largo de las murallas de ladrillo bellamente restaurado.

Sonríe. "Este es en realidad el castillo turco. El húngaro fue destruido en el asedio de 1566".
Como en las colinas de la región que le rodea, cada pliegue de historia sobre ese asedio y sus consecuencias, parece ocultar otra. Y cada una sustituye otra versión de los hechos.

Sus primeros ministros se llevan bien. El número de turistas turcos que visitan a Hungría aumentó en un 45% en el último año.

Pero en este tranquilo pueblo, donde antaño decenas de miles durmieron en carpas, escuchando a los ruiseñores, preparándose para la batalla, hoy en día apenas hay 500 camas.
La suerte de uno o dos hoteles de cinco estrellas y otras restauraciones del castillo y de una gran cantidad de monumentos de la época otomana depende de que se encuentre el lugar de descanso del corazón de Suleimán.
Cambios y confusiones
Hay varios mapas. Uno de 1689 marca el supuesto lugar del entierro. Y hay otros en el archivo de la guerra en Viena, que fueron hechos para las tropas de los Habsburgo que reconquistaron la ciudad en los 1680s.
De telenovela

Foto de la serie sobre Suleiman el Magnífico
Al comienzo de las protestas que se extendieron recientemente en Turquía, los periodistas eligieron a un hombre con una frondosa barba entre la gente joven en la Plaza Taksim de Estambul. Más tarde, se reunió con el primer ministro turco como parte de un grupo de posibles mediadores entre el gobierno y los manifestantes.
Su nombre es Halit Ergenc y es internacionalmente famoso en gran parte debido a su papel como el sultán -de ahí la barba- en un drama de la televisión turca, "El siglo magnífico" (Muhtesem Yuzyil), que ha sido vendido a decenas de países.
Además existe más información en los archivos del Vaticano, en Venecia, en Budapest y en Estambul.
Pap y su equipo de investigadores han revisado cada uno. Sus resultados se hará públicos el 20 de septiembre.
Ahora les concedieron permiso para una nueva excavación, en un sitio al que Pap no me lleva.
"No se trata sólo del corazón de Suleimán, sino de la reconstrucción de cada capa de la historia y la geografía de los últimos 400 años… ya hemos descubierto muchas cosas", señala.
Los mapas son engañosos.
Cuando los Habsburgo conquistaron el castillo en 1689, los serbios expulsaron a los musulmanes que quedaban.
Los católicos alemanes se restablecieron en el siglo XVIII.
Incluso el paisaje ha cambiado. Una mini edad de hielo coincidió con la ocupación otomana, explica Pap.
Lo que ahora es el pequeño arroyo Almasi era entonces un furioso torrente. Sziget, que significa "isla" en húngaro, salía de la marisma de inundaciones del río.
Cerca de allí, está el lugar donde acampó el ejército de Suleimán, que hoy es el parque de la amistad húngaro-turca.
También ahí hay una tumba de Suleimán con flores frescas, "puramente simbólica", según Pap. Y un túmulo funerario de la edad del bronce, al que por generaciones los lugareños erróneamente han llamado "el cementerio turco".
En la mezquita, me arrodillo con Pap para ver de cerca un grafiti derviche en el yeso: imágenes caligráficas del rostro de Dios, algo prohibido por el islam dominante.
En algún lugar debajo de nosotros, en la tierra seca húngara, tal vez el corazón de Suleimán late más rápido.

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